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SIAGRO Insumos para agricultura extensiva

Hagamos una cuenta rápida, de las que uno hace de memoria atrás del mostrador. Entra un tipo, compra una bolsa suelta de balanceado porque se le acabó y no llegaba a la veterinaria. Paga, se va, no lo ves nunca más. Ese cliente te dejó, con suerte, unos pesos de margen sobre una bolsa. Bien por la venta, pero ahí termina.

Ahora pensá en el otro. El que tiene dos perros grandes y les da balanceado todos los meses. Una bolsa por mes, todos los meses, todo el año. Ese mismo cliente, si lo tratás bien y no lo perdés, vuelve en agosto, en septiembre, en diciembre. Y al año siguiente también.

La cuenta que cambia todo

Pongamos numeros redondos para que se entienda. Una bolsa por mes son 12 bolsas al año. Si en cada bolsa dejás, digamos, unos pesos de margen, multiplicá por 12 y ya tenés lo que ese cliente te deja en un año solo con el alimento. Ahora multiplicá eso por los años que ese perro va a vivir: cinco, ocho, diez años. Ese cliente no vale una bolsa. Vale cien bolsas o más a lo largo del tiempo.

Esa es toda la diferencia. El que entra una vez vale una venta. El que compra alimento todos los meses vale diez veces mas, o mucho mas, porque lo que importa no es lo que compra hoy sino todas las veces que va a volver. En el mostrador uno mira la venta del dia. El negocio de verdad esta en el cliente que se queda.

El alimento es tu ancla

Y acá está lo importante: el alimento es el producto que engancha. La piedra sanitaria la comprás cada tanto. El antiparasitario, cada dos o tres meses. El collar, una vez al año si se rompe. Pero el balanceado, el maíz, el alimento del perro o de las gallinas, eso se termina y hay que reponerlo sí o sí. El animal come todos los meses, entonces el dueño entra todos los meses.

Por eso el alimento es el ancla. El cliente viene a buscar la bolsa, pero mientras está adentro se lleva el antiparasitario que le recordaste, la piedra que se le estaba acabando, el collar nuevo. El alimento lo trae; el resto se lo vendés porque ya está parado frente al mostrador. Perdés el alimento, perdés todo lo demás también. Es la puerta de entrada de toda la relación.

Cómo se retiene en una forrajera de pueblo

La buena noticia es que en un pueblo tenés todo para retener, cosas que ni el súper ni el mayorista online pueden copiar. Van las palancas concretas:

Conocé al cliente y a sus animales. Saber que la señora tiene un ovejero que come tal marca, o que a fulano se le enferma seguido el perro, no es un detalle: es tu ventaja. El día que entra y le decís «¿le preparo la bolsa de siempre?», ya ganaste. Eso no lo hace una góndola.

El aviso de que llegó lo que esperaba. Un mensaje simple: «llegó el balanceado que me pediste, te lo aparto». El cliente siente que lo tenés en cuenta y no arranca a buscar en otro lado.

El fiado bien manejado. En el pueblo el fiado a la gente conocida es una herramienta de fidelidad, no un problema, siempre que lleves la cuenta clara y no te la comas. El que le fiás con criterio, no se va.

La recomendación del mostrador. Cuando el cliente pregunta qué le conviene para el cachorro, o por qué el perro no engorda, y vos le das una respuesta que sirve, eso vale plata. El súper no te lo da. El mayorista online tampoco. Ese consejo es lo que te hace el proveedor de confianza, no el que vende barato.

El WhatsApp para el pedido. Que te manden un mensaje y le tengas la bolsa lista para pasar a buscar. Simple, rápido, y ata al cliente a tu negocio.

El error de pelear solo por precio

Ojo con una trampa: competir nada más que por el precio más bajo. Siempre, siempre va a aparecer uno más barato. El mayorista de la ciudad, el que remata stock, el que hace la promo del mes. Si tu único argumento es el precio, el día que otro baja diez pesos te quedaste sin cliente.

Se retiene por servicio, por confianza y por disponibilidad. El cliente vuelve a donde lo conocen, donde le avisan, donde le aconsejan, y donde siempre está lo que necesita. El precio importa, claro, pero no es lo único ni lo que más pesa a la larga. La relación pesa más que el peso.

El surtido que no falla

Y acá está la palanca que muchos subestiman: tener siempre el balanceado que el perro de tu cliente come. Porque si un mes entra y no está su marca, se va a probar otra a otro lado. Y si en el otro lado se la venden, capaz que no vuelve. Un solo quiebre de stock te puede costar un cliente de diez años.

Por eso el surtido confiable es retención pura. Si vos siempre tenés lo que él viene a buscar, no tiene ni motivo para mirar a la competencia. Y ahí es donde entra tu proveedor. De nada sirve todo lo anterior si el que te abastece te deja sin stock justo en la marca que más se vende.

En siagro trabajamos para eso: que la forrajera tenga siempre el alimento que sus clientes vienen a buscar, sin faltantes, con reposición firme mes a mes. Nosotros nos ocupamos de que a vos no te falte, para que a tu cliente no le falte.

El lunes

Empezá simple. Mirá cuáles son las tres o cuatro marcas de balanceado que más te piden y asegurate de no quedarte sin ellas nunca. Ese es el corazón de tu retención.

Que no te falte nunca el alimento que tus clientes vienen a buscar. Abrí cuenta con siagro o pedinos la lista de precios y aseguramos tu reposición.


Este es uno de los recursos de Hacé rendir tu forrajera, la serie de SIAGRO para dueños de forrajeras y veterinarias.

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